La crisis de los Venezolanos en la costa Caribe Colombiana


Por: Valentina Delgadillo Abello

Aldo Mendoza Justiniano es un consultor boliviano de 55 años, que, al igual que muchos de sus paisanos, no dimensionaba la gravedad de la crisis en Venezuela, pero al verlo de cerca, logró entender cuán compleja es la situación.

La crisis

Para nadie es un secreto que la crisis que atraviesa Venezuela está cada vez más dura y ya no se trata de vivir, sino de sobrevivir en un país donde un dólar equivale a 4´066.206.48 Bs y el salario mínimo mensual es de apenas 3´000.000 de Bolívares.

Colombia, por ser su vecino más cercano, es el país que ha recibido a la gran mayoría de inmigrantes. Diariamente a las calles de las diferentes ciudades como lo son por ejemplo Cartagena, Barranquilla y Santa Marta, llegan cientos de venezolanos, provenientes generalmente de las ciudades más cercanas a la frontera.

Entre cien y doscientas personas arriban cada día a dichas ciudades, de las cuales dos de cada diez, son menores de 5 años y generalmente son muy pocos los adultos mayores de 65 años que migran al occidente de su país. Son los jóvenes de edades que oscilan entre los 18 y los 35 años, los que deciden viajar a territorio colombiano en busca de mejores oportunidades.

El viacrucis

Llegar a un país sin conocer a nadie y sin dinero, es sin duda, una experiencia para nada deseable. La odisea que viven los venezolanos durante la travesía no dista mucho de esta lamentable realidad; “algunos se han visto en la obligación de elaborar los llamados “cambuches”, es decir refugios de paso, elaborados con plásticos y maderas, entre otros materiales, en zonas deshabitadas”, según afirma Aldo Mendoza, voluntario enviado a Colombia por ADRA internacional.

Muchos desde su país de origen llegan con las manos vacías, ya que, si pueden traer algunas de sus pertenencias, las venden para obtener un poco de dinero y poder comprar comida; mientras consiguen un empleo y un lugar para residir temporalmente.

Aldo además manifestó: “Si logran alquilar una habitación, el costo del alquiler está entre doscientos y trecientos mil COP, pero el hacinamiento llega a un punto en el que, en pequeños cuartos pueden llegar a vivir de 10 a 12 personas”, lo que afecta la dignidad de la personas, como se estipula en la declaración universal de los derechos humanos.

¿Y los colombianos?

A muchos colombianos no les resulta agradable convivir con los venezolanos, y quienes habitan los barrios más vulnerables de una u otra forma se sienten amenazados; por ejemplo, en cuestión de trabajo, ya que la mano de obra venezolana es más barata que la colombiana.

Preocupación

Las autoridades de los departamentos: Magdalena, Atlántico y Bolívar con los que se reunió Aldo Mendoza, manifiestan su preocupación, pues no se tiene diseñado un plan efectivo de contingencia para resolver este fenómeno social que no es un delito, pero si un problema potencial y se están buscando herramientas que puedan dar solución ante dicho evento.

La economía

“El ingreso diario de muchos venezolanos en Colombia está entre $15.000 y $20.000, de los cuales el 40% o el 60% es enviado a sus familiares que aún viven en Venezuela, de modo que, si les toca comer solo una vez al día, lo hacen sin reparo”, aseveró Mendoza, ya que en Venezuela las cosas están cada vez peor.

¡Con urgencia!

Durante el tiempo que Aldo estuvo en Colombia, y de acuerdo a lo observado, las necesidades que tienen mayor prioridad son: Alimento, Albergue y Atención en salud, esta última especialmente debido a que, aunque no hay tantos ancianos, las personas que llegan pueden tener desde resfriados, infecciones y fiebres hasta enfermedades que requieran un tratamiento especial, y los niños, por falta de alimentos llegan con desnutrición. La higiene es otra de las necesidades básicas que tampoco se hace esperar, pues, los pañales para los bebés e incluso toallas higiénicas o jabón necesitan ser suplidas.

Durante el mes de julio de 2018, Aldo Mendoza realizó análisis rápido de la necesidad a la población migrante venezolana en las ciudades de Santa Marta, Barranquilla y Cartagena con el objetivo de diseñar estrategia que ayuden a mejorar temporalmente sus condiciones de vida en la costa caribe de Colombia.

 

 

 

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